lunes, agosto 02, 2010

El imaginario del Dr. Bilal

Aprovechando unos días de descanso en Galicia, en la casa de mis padres, y cierta intervención odontológica (con su consiguiente ingesta de antibióticos) que me mantendrá alejado de la playa en el futuro más inmediato, he encontrado la excusa perfecta para atrincherarme en la habitación que me vio crecer con una buena cantidad de lecturas pendientes, DVD’s de cine clásico, un ordenador conectado a internet, un disco duro portátil cargado de mp3 de lo más variado y, sobre todo, mucho tiempo libre por delante. Vacaciones, que se dice.


Si empecé a despachar esas lecturas pendientes por la “Tetralogía del monstruo” de Enki Bilal (de la que había leído los dos primeros álbumes hace años) fue porque, teniendo fresca la revisión de “Partida de caza” y “Las falanges del orden negro”, sentía gran curiosidad por descubrir los derroteros seguidos por el penúltimo Bilal (el último, de hace sólo unos meses, es el de “Animal’Z”, que aún no he podido más que hojear en las estanterías de alguna librería especializada).


No es Bilal, como autor completo, un tipo que se lo ponga fácil al lector. Ya en su célebre “Trilogía Nikopol” daba muestras de poseer un imaginario personal tan asombroso como, a veces, indescifrable. Más ilustrador que dibujante, más dibujante que guionista y, sobre todo, más artista que ninguna otra cosa, el Bilal de la “Tetralogía del Monstruo” (compuesta por los álbumes “El sueño del monstruo”, “32 de diciembre”, “Cita en París” y “¿Cuatro?”), propone un relato de ciencia-ficción futurista que emplea los resortes de la memoria, el arte (en su faceta happening/performer), la usurpación de identidades, el control mental, el fanatismo religioso, el deporte como nueva doctrina agnóstica, la colonización espacial y la evocación del conflicto de los Balcanes para trazar un personal retrato del mundo venidero.


No es un combinado de digestión sencilla, pues el Bilal guionista, críptico e impreciso, se deja llevar por su faceta de creador de estampas oníricas, brutales y excesivas, más cómodo en el terreno de las interpretaciones subconscientes que en el de la lógica narrativa tradicional. Así, sus personajes deambulan por la historia sin un destino aparente, tienen diálogos marcianos que no parecen encajar con el contexto de la acción y viven envueltos en un ambiente de opresión onírico-bio-tecnológica que consigue, a costa de marear un poco al lector, ofrecerle un sinfín de impactantes impresiones viscerales, desprovistas de cualquier armadura racional.


El balance final es, por lo tanto, ambiguo. La “Tetralogía del Monstruo” supone un paso adelante en la búsqueda por parte de Bilal de un tono y un estilo propios, más próximos a la concepción del medio como un arte que el lector/espectador debe esforzarse en comprender/estudiar/interpretar que al habitual uso del comic como entretenimiento (de mayor o menor categoría) y vehículo de evasión. Desde un punto de vista estrictamente estético se trata quizás de su trabajo más llamativo, quedando la narrativa y la composición de página tristemente subyugadas a un espectacular trabajo pictórico que se sentirá tan a gusto entre las páginas de un álbum como engalanando las paredes de una galería de arte o un museo.

A mí, fan inamovible del yugoslavo (francés de adopción), me ha gustado bastante, pese a que una vez más me haya dejado inscrita en la cara esa expresión que oscila entre la perplejidad y la fascinación y que normalmente acompaña también a las películas de David Lynch y a los cuadros de Francis Bacon. Tal vez no sea mi Bilal favorito (aquél que ponía en imágenes, más sobrias y también mejor ensambladas, los atinados textos de Pierre Christin), pero un Bilal siempre será un Bilal, con todo lo que ello conlleva.

2 comentarios:

Niña imantada. dijo...

Usted también con intervención odontológica!no puede ser esto,eh?nono,no puede ser..



Por cierto,qué tal anda?porque yo...chungamente xD

Jero dijo...

Ya lo hemos hablado y tal... Pero, no sé, me da rabia dejar un comentario sin responder, jajaja. Atento que es uno con su blog.